Libros de texto

La brutal subida del IVA del material escolar decidida por el Gobierno y medidas de recorte como la supresión de las becas para libros de texto en algunas comunidades  —junto al anteproyecto de enésima ley orgánica educativa, las decisiones ya tomadas sobre Educación para la Ciudadanía y el incremento de tasas en las enseñanzas públicas de grado y de posgrado— están marcando el comienzo del curso 2012/2013.

Los libros de texto (cuyo IVA, por cierto, no varía) se han visto envueltos en un huracán del que están saliendo muy malparados. Y muy injustamente, en mi opinión. Por ejemplo, el viernes pasado llegó un correo de Change.org, en el que se pide la adhesión a una petición cuyo título es «Por un precio justo para los libros de texto», cosa que parece muy razonable. Lo que ya no lo parece tanto es que el encargado de lanzar los correos para propagar la petición, colocara en el asunto «El timo del libro» y se quedara tan ancho. Si uno busca atentamente en el texto de la petición de Elena Alfaro, la palabra timo no aparece en ninguna parte. Mal empezamos.

No he firmado la petición y no pienso hacerlo. La razón no está en que me haya parecido mal la estupidez de llamar timo a los libros de texto. En principio, ya está dicho líneas arriba, me parece razonable que tengan un precio justo, a quién no. No solo que tengan un precio justo, sino que se mantengan y se amplíen todo lo posible las ayudas públicas para su adquisición. Pero hay otras cosas que se proponen en la petición (y que se están oyendo y leyendo mucho estos días) que no puedo compartir.

Hay una especie de consenso universal en fomentar el intercambio y la reutilización de los libros. Pues yo disiento. Creo que todos los alumnos tienen derecho a usar libros nuevos, que pueden (y deben) subrayarlos y hacer anotaciones sobre ellos para estudiar y que no se les puede impedir que conserven, acabado el curso, los libros que quieran (como yo guardo aún aquellos libros de Lengua y de Literatura de COU que escribieron Lázaro Carreter y Vicente Tusón para Anaya).

Es perfectamente comprensible que las familias (o los propios chavales si son mayores) se organicen para hacerse con los libros a menor precio comprándolos de segunda mano o gratis mediante distintas formas de intercambio. Pero es inaceptable que eso se implante de forma oficial desde las administraciones educativas para tratar de salvar la cara tras suprimir las becas. Vivo en Madrid y es el caso que conozco: la Comunidad se carga las ayudas para libros y material escolar mientras anuncia un programa de intercambio y reutilización. Es decir, los alumnos de familias con mayores recursos económicos estudiarán con libros nuevos y los demás, no.

Gratuidad universal de libros de texto, tampoco: umbrales de renta, como para las becas de carácter general y que los que puedan pagar los libros, los paguen, y los que no, obtengan ayudas para adquirirlos. Políticas redistributivas también para esto. (El capítulo sobre la veracidad de las rentas familiares declaradas, otro día; a lo mejor la Educación para la Ciudadanía habría contribuido a ir acabando con lo de engañar al fisco y presumir de hacerlo; nunca lo sabremos).

Queda un aspecto muy importante en el que nadie parece reparar mucho (salvo los propios afectados, claro). Las editoriales, grandes y pequeñas, que se dedican al libro de texto y los empleos que generan no pueden quedar fuera de la reflexión sobre este asunto. Autores, editores, ilustradores, correctores, revisores científicos, maquetistas… ven su trabajo en peligro cada vez que este debate se abre; a unos pocos les pongo cara, nombre y apellidos. Obligar a la reutilización de libros tendría un impacto brutal sobre un sector ya bastante tocado. Por no hablar de las imprentas. Conozco no de primera mano, sino de mi propia mano, la elaboración de un libro de texto escolar; sé lo mal que se paga a muchos de los actores del proceso (con titulación superior la mayoría) y no ignoro las dificultades que las administraciones educativas añaden a su trabajo.

La solución, por tanto, no puede tener como efecto que se produzca menor cantidad de libros; no nos podemos quejar de medidas de recorte que dinamitan las posibilidades de crecimiento y de creación de empleo, y exigirlas a continuación en un sector determinado, comprometer su supervivencia, poner en peligro miles de puestos de trabajo y, por cierto, bloquear sus proyectos de desarrollo en el ámbito de las nuevas (o ya no tan nuevas) tecnologías.

A pesar de todo, feliz curso 2012/2013.

2 comentarios en “Libros de texto

  1. Lo que es inaceptable a estas alturas es comprar libros de texto y no un tablet, que te dura todos los cursos y que además de toda la información necesari te permite hacer cientos de cosas.

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  2. Alucinarías con cómo ha estado la calle Libreros estos días, no ya sólo las tiendas de compra-venta de libros, sino la venta ambulante de chavales de 15-18 años con libros de segunda mano.

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