Himnos y banderas

A raíz de una ocurrencia de Esperanza Aguirre, me dio por dejar un comentario en una red social. El asunto generó entre algunos de mis amigos una discusión  entretenida, ingeniosa, divertida y con un punto de indignación en ambas partes, aún más interesante si tenemos en cuenta que pocos de ellos se conocen entre sí.

Decía la presidenta que la final de la Copa del Rey debería suspenderse si se pitara el himno. No voy a entrar ahora en las consecuencias de orden público que podría tener la suspensión de un partido en un estadio abarrotado con decenas de miles de personas que habrán hecho muchos kilómetros para estar en el Calderón. Tampoco me voy a parar en los efectos económicos que una decisión así podría causar ni en el daño a la imagen del país (mucho mayor que el de una pitada) que acarrearía. Y menos aún voy a valorar cuántos litros de gasolina ha regalado Aguirre con esto a los que quizá ya venían a Madrid con ganas de bronca.

Voy al hecho mismo de la pitada al himno o al príncipe de Asturias (que representará el viernes al jefe del Estado). Pegarle a una pitada a un himno es, creo que sin duda, una falta de respeto. Pero es igual de irrespetuoso si el himno objeto de la bronca es un himno de otro Estado. Me gusta el fútbol, veo bastante fútbol, he seguido por televisión muchísimos partidos de la selección e incluso he asistido en directo al menos a un par de ellos (recuerdo ahora el España-Alemania del Mundial 82 y un encuentro contra Israel en alguna fase clasificatoria), y siempre ha habido un sector de la afición española —no sé si el más numeroso pero desde luego sí el más notorio— pitando durante la interpretación del himno del equipo rival. Me juego un café a que unos cuantos de los indignados por la bronca a la Marcha Real que podría darse el viernes han gritado, silbado, abucheado e insultado (en el estadio o delante de la tele, lo mismo en casa que en el bar) mientras sonaba el himno de los otros. Ese era mi comentario en la red social: si cada vez que la afición de España hubiera pitado un himno se hubiera suspendido el partido, no habríamos sido campeones de nada. Por otra parte, resulta divertidamente paradójico que los nacionalistas vascos y catalanes resulten tan futbolísticamente españoles en expresiones que aspiran a ser precisamente antiespañolas.

Entre los que han salido a discrepar de Aguirre, destaca Antonio Basagoiti. En unas declaraciones en Televisión Española, el líder del PP del País Vasco decía que, con el criterio de la presidenta madrileña, tendría que haberse suspendido la final de la Europa League en Bucarest porque había seguidores del Atlético de Madrid que portaban banderas preconstitucionales (para mi regocijo, Basagoiti ha usado la expresión «la bandera del pollo»). Hablando de banderas, resulta curioso que a los paladines de los símbolos nacionales no parezca importarles mucho que se planten sobre la bandera imágenes representativas de entidades privadas (el escudo del Madrid o del Atlético, el toro de Osborne…) aunque esté expresamente prohibido en el artículo 8 de la ley por la que se regula el uso de la bandera de España.

Se ha argumentado que no se puede dejar impune la pitada. No estoy seguro de que proceda hablar de impunidad en este caso. Parece que se da por hecho que silbar durante la ejecución del himno es delito. La experiencia de hace tres años más bien lo desmiente: una organización nacionalista española presentó una querella ante la Audiencia Nacional (injurias al Rey, apología del odio nacional y ultrajes a España) que acabó siendo archivada por el juez, que consideró que los hechos denunciados no eran constitutivos de delito y que estaban amparados por la libertad de expresión.

Cuando un juez establece que silbar mientras suena el himno no es delito, llega la indignación: «esto solo pasa en España». Pues, como casi siempre que utilizamos esta expresión y otras semejantes, no: esto no solo pasa en España. Para empezar, la propia Aguirre ha puesto como ejemplo que Sarkozy prohibió pitar la Marsellesa en los campos de fútbol bajo la amenaza de suspender en el acto el partido; claro, lo prohibió porque estaba ocurriendo. Pero podemos irnos a un país nada sospechoso de falta de patriotismo. En Estados Unidos quemar la bandera no es delito. Hay varias sentencias del Tribunal Supremo (Texas contra Johnson y Estados Unidos contra Eichman) que declararon inconstitucionales leyes que prohibían la quema de la enseña porque consideraban que el acto de quemar la bandera está protegido por la Primera Enmienda de la Constitución, la que consagra la libertad de expresión. Después de estas sentencias (son de 1989 y 1990, respectivamente), se han presentado varias propuestas para introducir una enmienda que proteja la bandera, pero ninguna ha llegado a aprobarse. Es decir, hay un patriotismo mayor que el de los símbolos: el de los valores constitucionales, el que defiende las libertades y los derechos.

Por cierto, y para acabar: aupa Athletic.

2 comentarios en “Himnos y banderas

  1. El delito al que se refiere nuestra querida presidenta es el que se recoge en el art. 543 del Código Penal, entre los delitos contra la Constitución, el delito de “ultrajes a España”: “Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses”.
    Una crítica a tal artículo, bastante buena por cierto, la realiza SANTANA VEGA, “El delito de ultrajes a España y sus Comunidades Autónomas: ¿protege algún bien jurídico-penal?”, CPC-2009.

    Merece la pena bastante prestar interés en la evolución histórica de este delito, puesto que no tiene desperdicio.
    Un precepto similar fue introducido en el Código Penal de 1944 como consecuencia de la Ley de Seguridad del Estado de 1941. Un precedente más remoto si cabe se encuentra en la Ley de Jurisdicciones de 23 de marzo de 1906 (art. 2). Tras la reforma de 8 de abril de 1967 del Código Penal, el artículo 123 de ese cuerpo legal quedó redatado de forma que se equiparaban los ultrajes a la Nación española o al sentimiento de su unidad, con los ultrajes “al Estado o su forma política”, así como a sus símbolos y emblemas, con penas que, en caso de que el hecho se realizara con publicidad, podían llegar a doce años de prisión.

    Este origen del delito, y su posible incompatibilidad con el derecho a la libertad de expresión cuestinan gravemente su mantenimiento en el actual Código Penal, esa es la voz de la doctrina penalista que más trasciende en la actualidad (v.gr. MUÑOZ CONDE, “Derecho Penal, Parte Especial”, 18ª Edición, pp. 878 y ss). Por ello argumentan los que defienden la eliminación del precepto de nuestra legislación vigente que debe interpretarse y aplicarse de la manera más restrictiva posible. Si bien en Sentencias del Supremo de los años 70 se castigó con penas de prisión por quemar la bandera nacional o vociferar que “los españoles son unos hijos de puta” parece que tal situación es impensable a día de hoy.

    Si bien estos actos pudieran considerarse como ultrajes, es posible que en un determinado contexto político (por ejemplo, una manifestación separatista) se consideren normales, o, por lo menos, como ejercicio legítimo de la libertad de expresión o manifestación de opinión.

    Una cosa es la falta de respeto o crítica, como puede ser silbar, y otra cosa muy diferente es injuriar con ánimo específico de injuriar, tal distinción se hizo ya en EE.UU. (antes que los casos que citaste) en el caso de los jóvenes universitarios norteamericanos que en sus protestas en los años 60 contra la Guerra de Vietnam quemaron banderas patrias o profirieron manifestaciones injuriosas.

    En fin, una entrada espléndida, de veras.

    Me gusta

  2. Caro amigo, ya queda todo dicho magistralmente por ti y por los comentarios y twitters recibidos en este penoso asunto de esa lacra caída sobre España que se llama Esperanza Aguirre. Como esta ciudadana lleva tantos y tantos años dándonos vergüenza propia y ajena desde sus puestos en el PP, sólo se me ocurre añadir una cita de Bernard Shaw: “Los políticos y los pañales se han de cambiar a menudo… y por los mismos motivos.”

    Me gusta

Deje un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.