La última de Mendoza

Esta mañana, antes de salir camino al trabajo, he encendido el kindle, lo he conectado a la red y se ha descargado la última novela de Eduardo Mendoza, El enredo de la bolsa y la vida.

Han pasado ya tres décadas desde que —gracias a una persona a la que aún hoy sigo llamando maestro— leí El misterio de la cripta embrujada, primera novela de la serie de la que El enredo de la bolsa de la bolsa y la vida hace la número cuatro. Nunca agradeceré bastante a mi maestro que tuviera la ocurrencia de incluir a Mendoza entre las lecturas obligatorias de aquel 1.º de BUP de los ochenta. Yo estaba en lo que hoy equivaldría (por edad, dudo mucho que por contenidos) a 3.º de Secundaria y ya era bastante aficionado a la lectura. Aprendí muy pronto —quizá demasiado— a leer y en mi casa —otra gran suerte; esta se la debo a mi padre— entraba el periódico todos los días. Leía, es cierto, pero siempre he tenido la impresión de que me convertí en lector cuando leí la cripta. Aún recuerdo su lectura como un descubrimiento.

El paso del tiempo me hizo un seguidor fiel de Mendoza —creo que he recomendado La ciudad de los prodigios a la mitad de la gente que se ha cruzado en mi vida— y llegué a procurar hacerme con la primera edición de cada una de sus obras. La colección estará para siempre incompleta porque alguien, no se lo reprocho (tampoco recuerdo quién fue), se quedó el ejemplar de Sin noticias de Gurb que había comprado el día que se publicó (después de haberla leído cuando salió seriada en El País). Hará dos o tres años que una exalumna me mandó un mensaje en el que decía que acababa de asistir a una conferencia de Eduardo Mendoza en la isla en la que ella vive; recordó que yo fui el primero que le sugirió leer al autor barcelonés y me escribió para contármelo. El círculo que había empezado a trazarse con José María, mi maestro, se había cerrado con Arri, mi alumna.

Hoy, en un país en el que la bolsa le gana a la vida y que le va a pegar un tajo a su sanidad como lógica consecuencia de haber prohibido de hecho que sus trabajadores enfermen, yo me voy a leer la última de Mendoza.

3 comentarios en “La última de Mendoza

  1. Pues no sé si es aquí donde se escribe porque soy un zote en las tecnologías. Gracias a que mis alumnos me han superado con creces y me sacan de todos los abismos cibernéticos. Uno fue profesor de muchos, pero, como el sembrador del evangelio, no siempre cayó el grano de trigo en el lugar adecuado. Tuve la suerte de tener alumnos que ahora son amigos y personas admirables. Os quiero muc`hísimo a todos. Y mucho ánimo, Juanfran. Tú sí que vales.

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  2. Muchas gracias de corazón! me he emocionado mucho al leerlo, y como ya te he dicho siempre asociaré al gran Mendoza contigo y eso es siempre genial! beso enorme!

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  3. En el año 91 fui alumno tuyo y recuerdo como si fuese hoy la recomendación. Todavía sigo recomendando a mis amigos que lean el libro, entonces me pareció fabuloso y a día de hoy sigo 20 años después sigo pensando lo mismo.
    Un saludo

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